Entender la adolescencia

La adolescencia es un período de profundo desarrollo físico pero sobre todo intelectual y moral. Habitualmente puede convertirse en una etapa llena de conflictos y cambios para muchas familias. A pesar de que puede ser un período convulso entre padres e hijos, la adolescencia debemos enfocarla como una oportunidad para ayudar a los chicos a madurar y convertirse en los desarrollados individuos del mañana. Para facilitar esta tarea será de gran ayuda entender la adolescencia y enseñarles lo mejor posible a desenvolverse de manera independiente.

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La adolescencia es un periodo complicado y de crecimiento personal

¿Cuándo empieza la adolescencia?

De la misma manera que los cuerpos, los cerebros de cada niño se desarrolla a distinta velocidad. De hecho, las distintas zonas del mismo cerebro tienen distintos ritmos de crecimiento. Este aspecto explica el comportamiento incoherente, al tiempo muestras de madurez e infantiles. Los adolescentes tienden a ser impulsivos y emocionales, actuando sin pensar en las consecuencias.

 

El rasgo más evidente cuando un niño entra en la adolescencia, ser hará evidente cuando cambia la manera de relacionarse con los padres. Al mismo tiempo, dejan de dar toda la relevancia a los padres para compartirla con otros chicos de su edad. Es cuando se niegan a aceptar las normas y buscan su propio criterio. En ese momento comienzan a ser adolescentes. Ahora su círculo personal se ha ampliado, sienten la necesidad de ser independientes, de tener una vida interior propia, alejada de la opinión de los padres.

 

Cuando los niños tienen 8 años, una afirmación de los padres como «porque yo lo digo» será suficiente. Con un adolescente no será bastante y exigirá una explicación mejor e incluso ningún razonamiento sea satisfactorio.

 

Durante esta etapa cualquier conversación trivial puede terminar en discusión. Para entender este comportamiento debemos saber como el adolescente utiliza razonamientos sentimentales sin calcular las consecuencias. Por otro lado busca los límites para sentir que tiene el control de su vida. Entender bien la adolescencia es una gran ayuda a la hora de manejar mejor estas situaciones y anticipar lo que está ocurriendo en su mente de adolescente.

 

Adolescentes rebeldes y desafiantes

La adolescencia es el periodo de transición entre la infancia y la edad adulta, habitual en cualquier individuo. Sin embargo las familias suelen resistirse viéndolo aún como un niño, tardan en aceptar la nueva realidad. El niño que adoraba a papá y mamá se ha convertido en un adolescente, que busca su independencia. Por eso durante la adolescencia suelen resistirse a aceptar las normas de los padres y surgen los conflictos. Por otro lado, la naturaleza empuja al adolescente a la autonomía y buscan relacionarse con otros chicos de su edad.

 

En este periodo suelen identificarse más entre ellos y uno sus puntos en común son las quejas hacia sus padres. No hay dos casos iguales, pero generalmente suelen culpar a los padres de sus propias frustraciones. Por muy buena relación que tenga con sus padres, el adolescente siente la necesidad de ponerlos a prueba, al igual que tiene inquietud por probar muchas más cosas. La mayoría de las veces no lo hará de manera consciente. Él mismo no llega a entender por qué se comporta así, pero siente un deseo irrefrenable por explorar los límites, por sentirse dueño de la situación.

 

Mantener la calma ante provocaciones del adolescente

Puede que los niños/adolescentes rompan abruptamente con el comportamiento habitual, buscando una identidad propia. Ir de la mano con ellos en este proceso facilitará un paso por la adolescencia más llevadero, como una etapa más, una transición de la infancia a la edad adulta. Si la familia impone normas demasiado restrictivas durante esta etapa, hay muchas probabilidades de enfrentarnos a un/una adolescente rebelde. Una prioridad fundamental será conseguir un ambiente relajado, no perder la calma antes de hablar con tu hijo adolescente. Responder de forma agresiva puede provocar una reacción explosiva, causando tensiones innecesarias. No debemos olvidar nunca, que el adulto debe manejar la situación, con madurez y sin dejarse llevar por las provocaciones del adolescente.

 

Otro rasgo habitual en la etapa adolescente son las dificultades para mantener relaciones de amistad o sentimentales, debido a que están aprendiendo a relacionarse de manera inteligente. Debemos entender la adolescencia y tener en cuenta que a estas edades carecen de demasiadas estrategias para relacionarse en ambientes externos.

 

Lograr comunicarse con un hijo adolescente

Durante todas las etapas de nuestra vida es importante la comunicación para mejorar nuestra calidad de vida, compartiendo toda clase de sentimientos positivos como negativos. Hay un proceso importante de aprendizaje, tanto padres como hijos aprendan a comunicarse mutuamente. Durante la complicada etapa de transición a adulto, el adolescente necesita el apoyo de sus padres, aunque no sea consciente. Este aprendizaje llevará su tiempo y aplicar algunas pautas:

Escuche activamente: La escucha activa implica estar atentos a lo que dice nuestro interlocutor, pero además observando los gestos, el tono de voz. De esta manera conseguiremos interpretar mejor incluso lo que no dice e intentar entender la adolescencia.

 

Una vez que termine de hablar, le responderemos con un resumen de sus palabras remarcando el mensaje central a modo de esquema. De esta manera nos aseguramos de haber entendido la queja o preocupación y el adolescente sentirá que realmente le estamos escuchando. Si no hemos llegado a entender bien el mensaje, debemos pedirle que lo vuelva a explicar, porque queremos entenderle.

 

Debemos extremar la precaución de no romper la buena sintonía con un adolescente que se abre a nosotros. Si detecta un pequeño gesto de indiferencia o superioridad, probablemente se cierre y busque a otra persona que le escuche. No será fácil recuperar su confianza.

 

 Escucha activa para entender la adolescencia

Mantener la calma: Seguramente durante la conversación escucharemos algo que nos desagrada. Aunque resulte difícil, evitaremos los reproches en ese momento. Una vez que finalice su explicación, podremos exponer nuestro punto de vista o recomendación. Trataremos no perder la buena comunicación, de manera que puedan recibir una orientación apropiada.

 

Formule buenas preguntas: Una pregunta puede hacer al interlocutor mirar el asunto desde otro punto de vista. Él o ella, descubrirá otro enfoque. Lance preguntas que no pueda contestar con un monosílabo.

 

Estimular el hábito de conversar: Crear la costumbre de hablar unos minutos habitualmente, por ejemplo durante el desayuno, en el coche de camino al instituto, facilita la comunicación y la hace accesible. Lo haremos mejor teniendo presente que los adolescentes carecen todavía de algunas herramientas de comunicación, está en la mano de los adultos allanar el camino.

 

Prestar atención a las señales: Otra posibilidad llega al recibir señales de que algo ocurre. El adolescente no encuentra la forma de expresarlo directamente y recurre a formas sutiles. Por ejemplo poner su caso como algo que le sucede a un amigo.

 

Buscar otros canales de comunicación: Si surge una dificultad para comunicarse de una forma natural, dentro de la dificultad que puede llegar a tener, aún quedan más recursos. Utilizar a otro miembro de la familia que pueda resultar más cercano, por ejemplo un hermano o hermana mayor, escribirse notas o cartas y quizás como último recurso, mediante mensajes de teléfono.

 

Cuando pedir ayuda para un adolescente

Dentro de cada relación surgen matices para hacerla única, delimitar una frontera de un comportamiento «normal» en el adolescente resulta arriesgado, excepto en casos extremos. Algunas situaciones podrían ser:

  • Estado de ánimo demasiado crispado o agresivo, con situaciones de violencia.
  • Estado de ánimo muy bajo, continuada tristeza o depresión.
  • Se niega a cumplir con sus obligaciones más importantes, como acudir al centro de estudios.
  • Lanza continuos retos a sus padres, búsqueda continuada de llevar cada dificultad al límite.
  • Consumo continuado de alcohol o sustancias ilegales
  • Trastornos alimentarios – anorexia, bulimia.

 

Debemos aceptar la posibilidad de, como padres, estar afrontando erróneamente una situación para la que no hemos recibido formación. No siempre resulta fácil entender la adolescencia y menos manejar la sin cometer errores.

 

En caso de encontrarnos con un adolescente especialmente complicado o una situación demasiado difícil, es recomendable no esperar demasiado en buscar información en otros padres más experimentados, libros relacionados o en última instancia la ayuda de un profesional especializado en la psicología de adolescentes. Algunas situaciones llegan a complicarse en exceso con el tiempo, debemos evitarlo.

 

Encontrar la Manera de Comunicarse con un Adolescente

Cuando un hombre es joven, su imaginación se alimenta de grandes historias y dificultades personales. La edad y la experiencia, así como el hecho de que con el tiempo saldrá de la adolescencia, y entonces cambia la percepción de la vida. Con la crianza de los hijos, por ejemplo, se aprende día a día, es una de las etapas más emocionantes de la vida. Por supuesto conlleva sus altibajos, las emociones fuertes, sus momentos dulces y difíciles en definitiva. Y sobre todo, es el golpe de la realidad: ese recuerdo lleno de desafíos, digno de la gran historia literaria, de repente, no deja de pensar en ecuaciones tan terrenales como la de sacar a un adolescente de su cuarto. ¡Qué difícil es encontrar una solución!

 

Bromas y fábulas al margen, lo difícil que es a veces comunicarse con los adolescentes, ¿verdad? No importa cuánto haya explorado para anticipar este período especial y desafiante de la vida, siempre hay momentos en los que tiene miedo de que le supere, incluso si ha cultivado grandes conexiones a lo largo de los años con sus hijos, cuando eran niños era bastante más fácil. Es en estos pozos donde tiene más sentido que nunca empatizar con ellos, y es un ejercicio fantástico tratar de meterse bajo su piel, entrar en sus mentes, entender la adolescencia y darles una idea de qué tipo de actividades familiares podrían querer hacer en casa.

 

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